El negocio de las reformas se cuenta casi siempre con el margen equivocado. Las guías de apertura hablan de un neto del 20 al 30 %; las cuentas que el propio sector deposita dicen 6,43 %, y el cuartil que mejor gestiona llega al 12,68 %. La diferencia no está en vender más caro: el buen cuartil se deja el 46,1 % de sus ingresos en material y subcontratas frente al 49,7 % del resto. El oficio real es comprar. El segundo malentendido es el tamaño del encargo. En España se hacen 1,9 millones de reformas al año, pero solo el 1,9 % de los hogares acomete una integral y el hogar que reforma gasta de media 2.700 €: quien dimensiona su empresa sobre obras de 32.000 € está contando la excepción. Y el tercero es el dinero. Se cobra a 87,9 días y se paga a 67,8, así que veinte días de obra los financia la empresa, y la construcción es el peor sector de España en plazo de pago, con 96,5 días. Con todo eso, el modelo aguanta mejor de lo que se cree: la construcción especializada sobrevive a cinco años en un 45,6 % frente al 41,9 % de la media española. Y el cliente lo confirma, con un 4,64 de nota media y solo un 10 % de textos negativos. De esas quejas, el 37 % habla del presupuesto y el 31 % del plazo: las dos cosas que este formato vende como resueltas.