La compraventa de motos comparte esqueleto con cualquier negocio de vehículo usado: el stock es el activo, la rotación es la métrica que manda y el margen se decide el día que se compra, no el día que se vende. Lo que la diferencia son dos cosas concretas y las dos empujan en la misma dirección. La primera es el tamaño del ticket. El precio medio de la moto de ocasión cerró 2025 en 6.865 €, un 2,3 % más que el año anterior y cerca de un 30 % por encima del de hace cinco años, pero sigue siendo una cifra pequeña para un negocio que vive de mover unidades: hacen falta muchas más operaciones para llegar a la misma caja, y cada una arrastra su tasación, su preparación, su transferencia y su garantía. La segunda es que el cliente de moto usada financia menos que el de moto nueva, donde alrededor de siete de cada diez operaciones se pagan a plazos, así que tampoco llega por ahí el ingreso que redondea el margen en otros formatos de venta de vehículos. La demanda, en cambio, no es el problema. En 2025 se comercializaron 768.892 motocicletas y ciclomotores, un 6,3 % más, y 503.604 fueron de ocasión: el 65,5 % del mercado, con el scooter creciendo un 11 % y un parque envejecido que empuja la reposición. El mapa además está sano para quien empieza. En las doce ciudades del censo, 45 de los 198 locales llevan el nombre de un fabricante en el rótulo y acumulan justo el 22,9 % de las reseñas, casi lo mismo que su peso en número: aquí no hay una cadena que se lleve la conversación, y eso es una ventaja que no todos los modelos de este vertical tienen. El hallazgo que cambia la lectura del negocio está en lo que dice la gente. Sobre 1.805 reseñas leídas, el taller, la reparación y la avería aparecen en el 33 % de las negativas y en apenas el 8 % de las positivas, y la garantía repite el patrón con un 17 % frente al 3 %. Esto no es un detalle de servicio: en la cuenta del modelo, la venta de motos cubre casi exactamente la estructura y el beneficio equivale a lo que aporta el taller. Es decir, el negocio depende de la parte que más clientes pierde. Quien monte esto debe dimensionar el taller antes que la exposición, contar con un mecánico de verdad desde el primer mes y asumir que la reputación se juega después de cobrar, no antes.