El taller de motos parte con la demanda resuelta. En España hay 4,3 millones de motocicletas y 1,62 millones de ciclomotores, con una edad media de 17,9 y 19,2 años, y las matriculaciones siguen creciendo. Un parque tan viejo y tan grande entra al taller sí o sí, y eso explica que de los 244 talleres que censamos en doce ciudades solo uno figurase cerrado. La entrada, además, es razonable para lo que es: unos 55.000 € de media, con la nave de 80 a 200 m², los dos elevadores y el equipo de diagnosis como partidas grandes. Lo interesante aparece al leer al cliente. De las 1.907 reseñas que minamos, el 53 % de los elogios hablan del trato y el 29 % del oficio, pero las quejas van por otro lado: el plazo de entrega en el 32 %, el presupuesto y el precio en otro 32 %, la cita en el 24 % y los recambios que no llegan en el 23 %. La mecánica en sí casi no aparece. El cliente no sabe juzgar si la reparación estaba bien hecha, así que juzga lo que entiende, y lo que entiende es cuándo se lo prometieron y cuánto le costó. Los cuatro motivos son además el mismo problema encadenado: la pieza que no llega alarga el plazo, el plazo alarga la cola de citas y la cola convierte cualquier factura en una discusión. A esto se suma un dato propio que conviene mirar dos veces: revisamos las webs de 30 talleres del censo buscando la tarifa de mano de obra o el precio de una revisión y no la encontramos en ninguna. El sector no publica precios y luego se sorprende de que el precio sea un tercio de las quejas. Quien monte esto tiene ahí una ventaja que no cuesta dinero: dar el presupuesto previo por escrito que la ley ya exige, cumplir la fecha prometida y decir en la web lo que cuesta una revisión. El resto del modelo es oficio y almacén, y ninguna de las dos cosas se improvisa.