El locutorio que da nombre a este modelo ya no existe, y lo dice el propio cliente: de 1.271 reseñas leídas, seis mencionan una llamada, y una de ellas es para contar que las cabinas no funcionaban. Lo que sobrevive detrás del rótulo es otra cosa y conviene llamarla por su nombre: un mostrador que cobra comisión por mandar dinero al extranjero y que alrededor ha ido apilando paquetería, recargas, fotocopias, telefonía y, muchas veces, un pequeño bazar de producto de origen. La reclasificación la ha hecho hasta el buscador: 117 de los 389 locales censados aparecen ya catalogados como servicio de transferencias de dinero, uno de cada tres. Esa mudanza cambia la ficha entera, porque el ingreso principal no se presta por cuenta propia. Para hacer envíos hay que ser agente inscrito de una entidad de pago, y la inscripción en el registro del Banco de España es previa a la primera operación: la licencia es de otro, la comisión la fija otro y el contrato lo puede terminar otro. A cambio, quien entra hereda una obligación seria desde el primer día, la de sujeto obligado en prevención del blanqueo, con identificación del cliente, diez años de documentación guardada y deber de comunicar lo que no cuadre. No es papeleo decorativo: hay operaciones policiales documentadas contra redes que utilizaron locutorios abiertos y casi sin actividad comercial para mover dinero del narcotráfico, y ese antecedente explica el nivel de vigilancia del sector. La parte buena está en la demanda de fondo. Las remesas enviadas desde España pasaron del 0,2 % del PIB en 2000 al 0,7 % en 2023, unos 10.700 millones de euros, y el censo apenas encuentra locales cerrados: dos sobre 389. La parte incómoda la enseña la frescura de las reseñas. Solo el 45 % son del último año, cuando en los ocho oficios de barrio del vertical ya medidos la cifra va del 47 % al 87 %. El dinero sigue saliendo del país, pero cada vez sale más desde un móvil y menos desde un mostrador, y este mostrador vive de que el cliente entre por la puerta. Queda, con todo, un autoempleo honrado y de barrio: inversión contenida, varios ingresos que se tapan los huecos entre sí y una clientela fiel que valora sobre todo el trato, el tema que explica el 45 % de los elogios. Y queda también una jornada de comercio muy larga para un sueldo modesto, un margen estrecho porque la mitad de la caja es producto que hay que comprar antes de vender, y la sensación de sostener un canal que la tecnología lleva quince años vaciando. Por eso la nota se queda por debajo del aprobado: no porque el modelo no funcione hoy, sino porque lo que lo sostiene no depende de quien lo monta.