La zapatería de reparación es, en los datos, dos negocios metidos en el mismo mostrador. El primero es el que da nombre al local y el ticket: unas medias suelas de caballero se cobran alrededor de 18,70 € y una cremallera desde 22 €, con media hora de banco por delante. El segundo es el que casi nadie mira desde fuera: la copia de llaves, que se paga entre 3 y 8 € en el caso corriente, sale de la máquina en un minuto y en nuestros números pone un tercio de la caja del mes. Que esa segunda pata es estructural y no un apaño lo dicen los propios talleres: 34 de los 330 censados llevan la palabra llaves en su rótulo, y 174 de las 1.669 reseñas que hemos minado no hablan de zapatos sino de llaves, mandos o cerraduras. La lectura práctica es directa: quien monte esto contando solo con el calzado se queda sin la mitad rápida del negocio. El segundo hallazgo es el precio. Explica el 34 % de las reseñas negativas y solo el 16 % de las positivas: pesa el doble cuando algo sale mal que cuando sale bien. Tiene una causa concreta y una solución barata: el cliente deja el encargo sin saber el importe y lo descubre al recogerlo, así que el presupuesto por escrito antes de tocar el zapato evita la mayor parte de esas reseñas. El tercer asunto es el que decide si esto es para alguien o no. La inversión es baja, no hay título habilitante ni colegiación y la licencia municipal suele ser de las sencillas, pero la barrera real es el oficio, y el oficio no se compra con la maquinaria: la formación reglada es casi inexistente y la vía normal sigue siendo aprender en el taller de otro o comprar un traspaso con enseñanza incluida. Por eso conviene deshacer el tópico con los datos en la mano. El oficio no está muriendo por dentro: hay un solo local cerrado en 330 censados y el cliente puntúa con un 4,60. Lo que falla es el relevo, y eso, para quien sí tenga el oficio, es exactamente lo contrario de un problema.