Este modelo tiene dos negocios dentro y conviene no confundirlos. Uno cobra horas y apenas inmoviliza dinero; el otro compra mercancía cara para revenderla y compite con un precio que el cliente consulta en el móvil delante del mostrador. El censo enseña hacia dónde se mueve la balanza: de los 304 locales contados en doce ciudades, 155 se anuncian como taller y 138 como tienda, y el taller además puntúa mejor, 4,68 frente a 4,61. Con el sector facturando un 5,9 % menos en 2025 y perdiendo puntos de venta, esa diferencia deja de ser un detalle de rótulo. La bicicleta eléctrica es lo que ha vuelto interesante la parte de taller. Ya es el 21,5 % de las unidades vendidas y el 35,2 % de la facturación del sector, y en movilidad urbana más de la mitad de lo que se vende es eléctrico. Eso significa dos cosas: reparaciones de más valor, porque una batería o un motor no se cambian con una llave Allen ni por 20 €, y un cliente que no puede resolverlo en el garaje de casa. La contrapartida es que hacen falta formación y herramienta de diagnóstico, y que aparece una gestión de residuo peligroso que el taller clásico no tenía. Al leer a los clientes sale el patrón de todo el vertical, y aquí con una vuelta de tuerca. El 51 % de los elogios hablan del trato y el 27 % del oficio, pero las quejas van por otro lado: casi la mitad de las reseñas negativas, el 49 %, mencionan el precio o el plazo, con el presupuesto en el 32 %, la entrega en el 28 % y la cita en el 17 %. La mecánica en sí aparece mucho menos. Es decir, el cliente rara vez discute la reparación: discute lo que le costó y cuándo se la devolvieron, y en varias reseñas la comparación con el precio de internet es explícita. Ahí está el trabajo de quien monte esto: publicar lo que cuesta una puesta a punto, prometer plazos con holgura y no llenar el suelo de bicicletas para que la tienda parezca una tienda. Los números salen con 45.000 € de entrada, unos 17.000 € de facturación mensual y 2.200 € que quedan antes de impuestos, con un formato de barrio que baja la entrada a 20.000 € y sube el margen porque no hay mercancía que financiar.