Los trasteros son el ejemplo más puro de lo que este vertical promete: un negocio que factura todos los meses y que casi no pide tiempo. Con control de accesos por código, contratación online y cámaras, el centro funciona sin nadie dentro, y la dedicación baja a unas doce horas semanales, la cifra más baja de todo el catálogo. La demanda acompaña: España ya es uno de los cuatro mayores mercados europeos por superficie, con dos millones de metros cuadrados y el 11,3 % del total continental, una ocupación media en torno al 77 % y un sector que supera los 400 millones de euros anuales. Y sigue por debajo de la dotación por habitante de los mercados occidentales de referencia, que es exactamente el argumento de quienes están abriendo centros ahora. El pero es el dinero y el tiempo. La inversión se mueve entre 500 y 900 € por metro cuadrado y el retorno típico está entre siete y nueve años si se alquila la nave; solo baja a dos o cuatro cuando el local ya es propio. Eso convierte esto en una inversión patrimonial más que en un negocio que dé sueldo pronto, y explica por qué el momento crítico no es el día a día sino el arranque, con el centro medio vacío y el alquiler corriendo. Hay un detalle que nos ha llamado la atención al leer a los clientes y que conviene tener presente: en un modelo diseñado para no tener personal, la mitad de las reseñas positivas hablan del trato. Y el 40 % de las quejas, del precio y sus subidas. Es decir, que en un negocio sin recepción, lo que retiene sigue siendo alguien que coge el teléfono y una tarifa que no se mueve cada año.