El taller de lunas es un negocio de manual sobre lo que significa depender de un solo cliente. El trabajo lo pide un conductor, pero lo paga su compañía de seguros, y eso lo cambia todo: el volumen está garantizado, el cliente no discute la factura y la demanda no depende de la moda ni del ciclo, porque las piedras de la carretera no entienden de crisis. Los números del sector lo confirman: en 2025 se facturaron 1.543.327 siniestros de lunas en España y las aseguradoras desembolsaron 724,4 millones de euros. Lo que hay que mirar es a quién le llega ese dinero. El coste medio pagado por siniestro fue de 470 €, pero los talleres especialistas, que resolvieron cerca del 80 % de los casos, cobraron 250 € de media, mientras que los talleres de chapa y los oficiales que facturaron el resto se fueron por encima de 800 € por el mismo trabajo. El especialista hace el grueso del volumen y cobra menos de un tercio por él, y esa es la tensión que define al modelo. La consecuencia práctica para quien lo monte es que aquí no se compite bajando precios ni subiéndolos, porque la tarifa la pone la contraparte. Se compite por entrar en el cuadro de talleres y, una vez dentro, por hacer más trabajos con la misma estructura. Los datos que hemos medido apuntan justo ahí. En 249 talleres censados en doce ciudades no aparece ni un cierre, señal de que el modelo aguanta, y la nota media es de 4,62 sobre casi 35.000 reseñas. Pero al leer a los clientes, lo que más se elogia es la rapidez, presente en el 41 % de las reseñas buenas, y lo que más se critica es la cita y la disponibilidad, con un 29 % de las malas. Dicho de otro modo: la promesa del modelo es resolver el problema en el día y lo que la rompe casi nunca es la instalación, es la logística del cristal y la agenda. Quedan dos avisos. El primero es de caja: se paga el material por delante y se cobra a la compañía semanas después. El segundo es técnico: la cámara del parabrisas obliga a recalibrar tras cada sustitución, lo que sube la inversión y deja fuera a quien no se ponga al día. Con eso resuelto, queda un negocio de local con una entrada barata para lo que es un taller y una recuperación por debajo de los dos años, siempre que el trabajo entre por la puerta.