Esta ficha junta una demanda sólida con una nota baja, y conviene explicar por qué. La demanda no admite discusión: la cobertura española está en 4,02 plazas por cada cien mayores de 65 años frente a las 5 de referencia, faltan 96.916 plazas para alcanzarla, más de 50.000 personas con dependencia severa esperan una plaza pública y el sector facturó 6.100 millones en 2025, un 6,9 % más que el año anterior. Nada de eso va a cambiar en la próxima década. El problema está en el otro lado de la cuenta. Este es un negocio donde el coste principal no lo decide quien lo monta. La ratio de personal de atención directa está fijada por norma y tiene calendario publicado hasta 2029, cuando pasará de 0,31 a 0,43 por residente. Traducido: la partida que ya se lleva cerca del 57 % de los ingresos crece un 39 % sobre la misma plaza, sin que ninguna norma obligue a que el precio la acompañe. A eso se suma que el tamaño está limitado a 75, 90 o 120 plazas según la zona, de modo que la escala, la palanca clásica para diluir estructura, también tiene techo legal. El margen resultante es estrecho y está medido: el EBITDA medio del sector ronda el 13 %, cinco puntos por debajo de la media de los servicios, y con el edificio alquilado la cuenta se queda cerca del 9 %. Con esos números, el equilibrio se sitúa en torno al 83 % de ocupación, prácticamente el índice de ocupación medio de las plazas existentes en España. Seis camas vacías de setenta borran el beneficio de un mes. Al leer 1.491 reseñas de 315 centros aparece la otra mitad del modelo, la que no sale en ningún plan de negocio. El trato explica el 52 % de lo bueno y el 34 % de lo malo, muy por delante de las instalaciones. Después llegan la comida, la organización, la limpieza y, en una de cada diez quejas, la falta de personal. Es decir: lo que decide la reputación de una residencia es exactamente aquello que la ratio encarece cada año. Y el cliente casi no habla, 58 reseñas por centro y solo el 37 % del último año, así que cada testimonio pesa el doble. Queda una advertencia que no es económica. Aquí se responde de personas dependientes las veinticuatro horas del día. Quien entre buscando una rentabilidad rápida encontrará un modelo lento, regulado y expuesto, en el que los dos casos documentados que recoge esta ficha, un grupo europeo con más de cincuenta centros en España reestructurado tras un escándalo asistencial y un pequeño operador que cerró el único centro de su municipio, cuentan la misma historia desde los dos extremos del tamaño.