La estación de ITV tiene una demanda difícil de igualar y una puerta de entrada que casi nadie puede empujar. Lo primero es objetivo: en España se hacen del orden de 21,8 millones de inspecciones al año, el cliente vuelve porque se lo manda un calendario legal ligado a su matrícula y la decisión no depende de que tenga ganas ni de que sea un buen año. Con un coste variable prácticamente nulo, cada inspección de más cae casi entera al resultado. Eso explica la reputación del sector y la vigilancia constante de las autoridades de competencia sobre él. Lo segundo también es objetivo, y es lo que hunde la nota: en la mayor parte del país el número de estaciones lo fija la administración y la plaza se adjudica por concurso, de modo que la pregunta que abre esta ficha, si se puede montar, no la responde el capital sino un boletín autonómico. La reguladora de competencia lleva más de una década recomendando el paso al régimen de autorización, y la justicia europea ya tumbó las distancias mínimas y los topes de cuota que blindaban a los operadores instalados en una comunidad. El movimiento existe, pero va comunidad a comunidad. Aquí está el punto que más llama la atención al medirlo: la liberalización es la vía por la que entra quien no tiene ya una estación y, a la vez, el momento en que el negocio deja de ser el que era. Donde se abrió el régimen, las estaciones pasaron de 8 a 46 en un caso y de 17 a 56 en otro; en la más abierta, la ratio cae a unos 26.400 vehículos por estación, muy por debajo de la media nacional. Se entra cuando el pastel empieza a repartirse. Los números del día a día completan el retrato: alrededor de 100.000 € de facturación al mes, la mitad en una plantilla de casi veinte personas, unos 20.000 € netos y del orden de ocho años para recuperar 1,85 millones. Es un negocio de infraestructura, no de emprendimiento: rentabilidad segura y lenta, con la tarifa puesta por otro y un activo que no se reconvierte. Para un inversor con músculo, plazo largo y una comunidad que esté abriendo el régimen, tiene sentido. Para casi todo el mundo que llega a esta ficha buscando en qué montar un negocio, la respuesta honesta es que la puerta está cerrada por fuera.