El reformer es el negocio con la mejor foto de demanda del catálogo y la peor prueba de durabilidad: todo el mundo está entrando y nadie ha tenido tiempo de salir. Nuestro censo lo dice en una línea: 950 estudios puros en 33 ciudades y cero cerrados, no porque el modelo sea sólido, sino porque es demasiado joven para tener muertos. Los números honestos funcionan, y las reseñas confirman lo mejor del modelo: el cliente puntúa 4,89, solo el 4 % de reseñas son negativas y el precio casi no existe como queja pese a mensualidades de 95-160 €. El pricing power es real. Pero las mismas reseñas enseñan la grieta: el 70 % de los elogios son para la instructora, muchas veces por su nombre, y cuando la estrella se marcha, las clientas se van detrás. El activo se va a casa cada noche. Las dos condiciones que casi nadie pone en el plan siguen siendo esas: instructora asegurada (la certificación no es oficial, el talento escasea y las cadenas se lo fabrican) y barrio sin guerra (las aperturas se concentran donde ya hay estudios, que es exactamente como el fitness español ha inflado burbujas antes). Quien entre, que entre con la instructora firmada antes que el local, el barrio estudiado con lupa y los prepagos tratados como lo que son: deuda con el cliente, no caja.