Esta es la ficha de la categoría donde peor se paga el título más largo de estudiar. La demanda no está en discusión: la sanidad privada ya mueve el 26 % del gasto sanitario español, hay más de doce millones y medio de asegurados y el número de hospitales privados supera al de públicos. El problema está en el otro lado de la mesa. Quien monta una consulta de medicina general privada trabaja, casi siempre, dentro del cuadro médico de una o varias aseguradoras, y ahí el precio del acto no se negocia: se acepta. Los datos que maneja la asociación de médicos autónomos hablan de entre 6,50 y 20 € por primera consulta según la compañía, con una de las grandes en torno a 8,69 € en medicina general, y de baremos que llevan décadas prácticamente parados; las subidas de 2025, del 3,5 % y del 6,5 %, se tradujeron en pasar de 18 a 19 € en un caso y de 8 a 8,50 € en otro. De ahí sale la aritmética del modelo, que es su rasgo definitorio: no se gana por paciente, se gana por número de pacientes, y el punto de equilibrio anda por las quinientas consultas al mes. Hay una segunda cosa que conviene saber y que descubrimos al intentar medir este modelo: no se puede censar. Al buscarlo en el mapa aparecen centros médicos de aseguradoras, policlínicas y hospitales privados, no consultas individuales, porque el médico general por libre apenas rotula en España. Preferimos decirlo antes que publicar la voz de otro negocio distinto. La lectura honesta es que este modelo funciona como complemento o como transición, y solo se convierte en un buen negocio cuando el peso del paciente privado puro, el que paga directamente, empieza a superar al del cuadro médico. Eso son años.