La ayuda a domicilio tiene una demanda que no depende de la moda ni del ciclo económico, y a la vez una de las operativas más duras del catálogo. Las dos cosas son ciertas al mismo tiempo. Por el lado bueno, los números públicos no dejan lugar a interpretación: en marzo de 2026 había 1.655.446 personas recibiendo prestación de dependencia, un 9,8 % más que un año antes, la ayuda a domicilio supone el 17 % de esas prestaciones y el sector de servicios asistenciales a domicilio factura 2.650 millones creciendo a doble dígito. Nadie tiene que convencer al mercado de que este servicio hace falta. Por el lado difícil, esto no es un negocio de local ni de producto: es una empresa de personas. Se compra una hora de trabajo por un precio que marca el convenio y se vende por un precio que marca el pliego municipal o lo que acepta la familia, y entre esas dos cifras caben unos cuatro euros y medio por hora de los que sale toda la estructura. Eso obliga a volumen, y el volumen obliga a plantilla, y la plantilla es exactamente donde el modelo se rompe. Al leer las reseñas se ve con una nitidez incómoda: lo que se elogia es el trato y la profesionalidad de quien va a la casa, y lo que se critica es la persona asignada, los cambios y las sustituciones. El cliente no compra horas, compra la tranquilidad de que a las nueve haya alguien concreto en casa de su madre. Hay dos avisos más que conviene tener delante antes de decidir. El primero es de tesorería: la vía pública da volumen y visibilidad a varios años, pero se trabaja, se factura y se cobra después, y hay casos documentados de empresas que entraron en concurso por ese desfase arrastrando meses de nóminas sin pagar. El segundo es de estructura de mercado, y lo hemos medido por dos caminos que coinciden: los diez primeros operadores del sector se llevan el 60,5 % de la facturación, y en nuestro censo los diez perfiles con más reseñas acumulan el 67 % de todas. El operador mediano tiene veintiséis reseñas. Se puede competir contra eso, pero por cercanía y por servicio, nunca por precio. Nuestra lectura es que este es un buen primer negocio para quien tiene mano gestionando equipos y estómago para la parte administrativa, y un mal negocio para quien busque algo que funcione solo.