La herramienta de Rolty
Obra de cocina, diez o doce puestos de trabajo, licencia y colchón de arranque.
Unas 230 plazas al mes a 60 €, contando la actividad de empresa.
Beneficio de empresa con el profesor de cocina ya pagado.
De cada 100 € que entran se quedan unos 35, porque la comida del taller cuesta poco al lado de lo que paga cada alumno.
La nómina del profesor y el alquiler son dos tercios del gasto.
Con unas 130 plazas al mes, once talleres llenos, pagas la cocina y la nómina; lo que pase de ahí es tuyo.
Entre dos y tres años y medio, contando que los primeros meses el aula no se llena.
Las sesiones más la compra, la preparación, la limpieza y la venta del mes siguiente.
El dueño suele ser el segundo profesor; sin él, la cuenta cambia.
Lo que decide el local no son los metros, es si se puede sacar el humo a cubierta.
El año son diez meses buenos, uno flojo y uno en blanco.
Cocinar y servir lo cocinado mete la escuela en el régimen alimentario, no solo en el educativo.
La gran ciudad suma el regalo, el turismo y la actividad de empresa, que es la reserva que llena la sala entera. A cambio el alquiler de un local con salida de humos es caro y en las cuatro ciudades grandes del censo aparecen escuelas de sobra.
Alquiler asumible y hueco para ser la escuela de la ciudad, que es lo que necesita un negocio que vive del boca a oreja. En una de las cuatro ciudades medias del censo no aparece más que una escuela, así que el hueco existe.
Menos población para llenar once talleres al mes y menos empresas que contraten actividades. Cuatro de los cinco locales cerrados del censo están en dos ciudades pequeñas.
Cinco de las 177 escuelas censadas figuran cerradas, y las cinco son centros de formación.
Es lo que cuesta una sesión de unas tres horas; los intensivos de varias clases van de 170 a 300 €.
El Estudio Rolty
Comparar deja un ganador; falta bajarlo a tu ciudad. El estudio responde con datos de tu caso: cuánto facturan los que ya lo hacen, tus números año a año y un veredicto claro.