La herramienta de Rolty
Todo lo anterior más la cabina de pintura, su obra y su instalación eléctrica.
Chapa y pintura en la misma factura: el trabajo completo se queda en casa.
La pintura es la parte con mejor margen de la reparación, y aquí no se cede.
De cada 100 € facturados quedan menos de siete: el recambio se lleva casi la mitad de la factura.
Pintor y preparador en plantilla, más el consumo y el mantenimiento de la cabina.
Con unos 35.000 € facturados al mes, es decir unas veinticinco reparaciones, se paga la estructura.
Cerca de cuatro años, lastrados por lo que cuesta la cabina.
Taller de lunes a viernes, con el mostrador, los partes y los recambios encima todo el día.
El chapista y el pintor son el cuello de botella: sin ellos la cabina no vale de nada.
Hace falta sitio para tener varios coches parados a la vez durante días.
El trabajo no lo trae el mes, lo trae el parte meteorológico y la carretera.
Dos ramas en el registro y un gestor de residuos contratado antes de pintar el primer coche.
La densidad de tráfico multiplica los partes, y el volumen es justo lo que necesita un taller con cabina y personal cualificado para pagarse.
Hay siniestros suficientes para llenar la agenda, pero la tarifa la marca la compañía exactamente igual que en la gran ciudad.
Con menos parque circulante, la misma nave y la misma cabina se pagan con menos reparaciones al mes, así que el punto de equilibrio queda mucho más justo.
Solo uno de los 444 talleres de carrocería censados en doce ciudades figura como cerrado permanentemente.
El Estudio Rolty
Comparar deja un ganador; falta bajarlo a tu ciudad. El estudio responde con datos de tu caso: cuánto facturan los que ya lo hacen, tus números año a año y un veredicto claro.