El recovery studio es el modelo más nuevo de este catálogo, y por eso no lleva nota. Todo lo que se lee sobre él viene de Estados Unidos, Australia o los países nórdicos; cuando bajamos a medirlo en España lo buscamos en doce ciudades, de Madrid a Cuenca, y aparecieron seis locales dedicados: ni uno solo fuera de las grandes. Lo que sí hay ya es precio: los cuatro operadores que publican tarifas coinciden en 30-42 € la sesión y 199-250 € la mensualidad, y montar un estudio de sauna, hielo y presoterapia cuesta unos 60.000 € con precios públicos de equipo. La incógnita es la otra mitad de la cuenta: nadie ha medido cuántas sesiones al día entran por la puerta, y nuestra cuenta enseña que el negocio vive de unas nueve. Eso no lo descalifica —todos los modelos empiezan así— pero sí obliga a decir qué se está comprando: la posibilidad de ser el primero, no un negocio con recorrido demostrado. Hay una lectura práctica y bastante mejor: lo que sí funciona hoy en España es el recovery como servicio añadido. Un box, un estudio de fitness o una clínica de fisioterapia que ya tiene clientela puede monetizarlo sin crear un mercado desde cero.