La cabina de fotos coreana es el modelo más nuevo de este vertical y por eso se publica sin nota. No es una decisión de pereza: es que ponerle un número sería fingir un conocimiento que no existe. El formato llegó a España hace meses, con su primer local en Chueca y precios que arrancan en unos seis euros, y todavía no ha pasado por un ciclo completo que permita ver si la demanda aguanta cuando se acaba la novedad. Montarlo, en cambio, ya tiene precio: unos 35.000 € un local de tres cabinas, porque la cabina profesional con cobro se compra en fabricantes españoles por 2.000-4.300 €. Lo que no tiene precio es la incógnita que importa: cuántas sesiones al día hace un local español. A eso se suma que no se puede medir: al buscarlo en el mapa lo que aparece son empresas de alquiler de fotomatones para bodas y eventos, que es un negocio completamente distinto, así que no hay censo ni voz del cliente que analizar. Lo que sí se puede decir con claridad es qué tipo de negocio es, porque a menudo se malinterpreta: esto no es fotografía, es ocio. La gente no va a por una foto, va a pasar el rato con amigos y a llevarse contenido para redes. Eso lo coloca a competir con el resto del ocio urbano y lo hace dependiente de dos cosas frágiles: el tránsito de público joven en zonas céntricas caras, y que la estética siga compartiéndose. Nuestra recomendación para quien se lo esté planteando ahora mismo es tratarlo como lo que es, una apuesta de tendencia con muy poca información disponible, y desconfiar de cualquier proyección que le presenten, porque ninguna estará sostenida por datos españoles. En cuanto haya locales suficientes para censarlos y algo de recorrido, esta ficha se recalcula y se le pone nota con la misma vara que a los demás.