La podología tiene una ventaja estructural que no tiene ninguna otra consulta de esta categoría: no compite con lo público. Un psicólogo o un fisioterapeuta compiten siempre, aunque no lo parezca, con una lista de espera gratuita; un podólogo no, porque la Seguridad Social sencillamente no cubre este servicio. Todo lo que se factura aquí es privado por definición, y encima con recurrencia de calendario: la quiropodia se repite cada cuatro a ocho semanas durante años. Esa combinación de demanda cautiva y paciente que vuelve es lo que sostiene la nota pese a un ticket de apenas 21 a 32 €. El precio a pagar es la entrada: sillón, micromotor y autoclave se compran antes de tener un solo paciente, y son la mitad de una inversión de 25.000 € cuyo IVA, por la exención sanitaria, no se recupera nunca. Y luego está el detalle que más nos ha llamado la atención al leer las reseñas. Este modelo tiene el mejor dato de trato de todo el vertical, un 59 % de las reseñas positivas, y a la vez el peor de seguimiento, un 33 % de las negativas. Las dos cosas describen al mismo paciente: alguien que vuelve cada mes y que valora muchísimo la relación, pero que si el problema reaparece siente que le han fallado. Explicar en la primera visita que la quiropodia se repite por naturaleza es, literalmente, la mejora más barata que puede hacer este negocio.